A veces Jesús nos espera… y no llegamos.
El Santísimo Sacramento permanece ahí, silencioso, humilde, ofreciéndose por amor, mientras el mundo afuera corre sin detenerse a mirar a Aquel que lo dio todo.
Nos cuesta acercarnos, quizá porque estamos distraídos, cansados o llenos de preocupaciones. Sin embargo, el Santísimo no deja de ser ese acto de amor eterno donde Cristo mismo se queda entre nosotros. No en símbolo, sino vivo y real, en cada Eucaristía, en cada momento de adoración.

Visitar al Santísimo es más que una costumbre; es responder al llamado del Amor. Es sentarse frente al Señor y dejar que el alma descanse. No hacen falta palabras, solo el corazón abierto.
Él no pide mucho, solo presencia y silencio, porque en ese silencio habla Dios.
La próxima vez que pases frente a la Parroquia Nuestra Señora de la Merced en Quetzaltenango o alguna otra Parroquia de tu localidad, detente un momento.
Jesús está ahí, esperándote, deseando escucharte, abrazarte y darte su paz.
Ir con el Santísimo es permitir que el amor de Cristo renueve todo nuestro ser





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