Reflexión: ¿Por qué a veces no vamos con el Santísimo?

A veces Jesús nos espera… y no llegamos.
El Santísimo Sacramento permanece ahí, silencioso, humilde, ofreciéndose por amor, mientras el mundo afuera corre sin detenerse a mirar a Aquel que lo dio todo.

Nos cuesta acercarnos, quizá porque estamos distraídos, cansados o llenos de preocupaciones. Sin embargo, el Santísimo no deja de ser ese acto de amor eterno donde Cristo mismo se queda entre nosotros. No en símbolo, sino vivo y real, en cada Eucaristía, en cada momento de adoración.

Visitar al Santísimo es más que una costumbre; es responder al llamado del Amor. Es sentarse frente al Señor y dejar que el alma descanse. No hacen falta palabras, solo el corazón abierto.
Él no pide mucho, solo presencia y silencio, porque en ese silencio habla Dios.

La próxima vez que pases frente a la Parroquia Nuestra Señora de la Merced en Quetzaltenango o alguna otra Parroquia de tu localidad, detente un momento.
Jesús está ahí, esperándote, deseando escucharte, abrazarte y darte su paz.
Ir con el Santísimo es permitir que el amor de Cristo renueve todo nuestro ser

Share your love

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *