SOLEMNIDAD DE LA ASUNCION DE LA VIRGEN MARÍA

Hoy celebramos con alegría y esperanza la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, un misterio que nos recuerda que el destino del cristiano es la vida eterna en comunión con Dios.

María, la humilde esclava del Señor, fue asunta en cuerpo y alma al cielo. No por sus méritos humanos, sino por la gracia y elección divina. Ella es el modelo perfecto del discípulo fiel: obediente, disponible, y plenamente confiada en la voluntad de Dios. Su Asunción no solo es un privilegio, sino también una promesa: lo que Dios hizo en María, lo desea hacer en cada uno de nosotros.

La Asunción nos invita a levantar la mirada al cielo sin dejar de comprometernos con la tierra. María nos recuerda que la santidad no está reservada para unos pocos, sino que es el llamado de todo bautizado. Su vida nos enseña que la fidelidad en lo pequeño prepara el alma para la gloria eterna.

No caminamos solos. María, elevada al cielo, intercede por nosotros, como Madre amorosa que no deja de cuidar a sus hijos. Su presencia junto a Cristo nos alienta a seguir luchando, a vivir con esperanza, y a confiar en que Dios cumple sus promesas.

Que la Virgen Asunta nos inspire a vivir con el corazón en el cielo y las manos al servicio del Reino de Dios. Amén

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