
En la homilía de este domingo, el Padre Marco Tulio Chaj Hernández, Parroquia Nuestra Señora de la Merced, invitó a los fieles a reflexionar sobre el verdadero camino que Jesús nos propone: la humildad como virtud esencial del cristiano. Recordó que en los últimos evangelios hemos escuchado cómo el Señor nos advierte sobre la división que genera la verdad, la necesidad de esforzarnos para entrar por la puerta angosta y, hoy, nos llama a ocupar los últimos lugares y a vivir con sencillez de corazón.
El Padre explicó que los fariseos buscaban los primeros puestos en los banquetes, pero Jesús, con la parábola de este domingo, enseña que el verdadero discípulo es aquel que no busca honores ni reconocimientos, sino que se hace pequeño para engrandecer a Dios. La humildad, significa reconocer que venimos del polvo y que sin Dios no somos nada. En cambio, el orgulloso se cree autosuficiente, elimina a Dios de su vida y termina alejado de la salvación.
La Virgen María, con su cántico de alabanza, es el modelo perfecto de humildad, pues reconoció que Dios puso sus ojos en la pequeñez de su esclava. De igual manera, Jesús mismo nos dio ejemplo al lavar los pies a sus discípulos y enseñarnos que el mayor entre nosotros debe ser servidor de todos.
El padre Marco Tulio Chaj también llamó a revisar nuestras actitudes: solemos invitar a nuestros amigos y conocidos a las fiestas esperando algo a cambio, pero Jesús nos enseña a abrir el corazón a los más necesitados —los pobres, enfermos, encarcelados y marginados—, porque en ellos encontramos a Dios.
Finalmente, exhortó a pedirle al Señor esta virtud, pues solo el humilde reconoce su pecado, escucha la voz de Dios y se deja transformar por Él. La humildad nos acerca a la verdad y a la salvación; el orgullo, en cambio, nos aleja y nos esclaviza al mal. Concluyó recordando las palabras de Jesús: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”, porque solo así alcanzaremos la verdadera grandeza ante Dios.




